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Varela, Martí y Varona: Padres fundadores de la psicología cubana

Jesús Dueñas Becerra
“El estudio de la historia es […] necesario [para obtener] utilidad de lo pasado a favor de lo presente y lo futuro”.

P. Félix Varela.
En la época en que el padre Félix Varela ocupa la cátedra de Filosofía en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, claustro materno de ciencia, conciencia, ética, cultura y patriotismo, la Psicología no había logrado independizarse de la scio mater, y en consecuencia, los principios, leyes y categorías sobre los cuales descansa su estructura científico-metodológica sólo servían de fundamentación conceptual a las teorías aristotélicas; concepciones que desempeñan una función básica en el contexto de la enseñanza de la Filosofía, tanto en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, como en la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana. 1

Así las cosas, no cabe duda alguna de que el ilustre profesor e investigador llega al conocimiento de la Psicología por dos vías fundamentales: la Filosofía y la Pedagogía. Y si bien es cierto que, en aquel entonces, la disciplina que nos ocupa no había roto su “vínculo filial” con la ciencia madre, la aguda inteligencia del “[…] más sabio y virtuoso de los cubanos” 23

Por otra parte, Varela advierte –con la sagacidad que caracteriza su pensamiento creador e innovador– la íntima y estrecha relación entre Psicología y Espiritualidad, así como entre Psicología y Pedagogía. He ahí, el antecedente de que, después del aborto republicano de 1902, la Psicología fuera incluida como asignatura en el diseño curricular de la Escuela Normal para Maestros y en el de las carreras universitarias de Pedagogía, Derecho y Filosofía y Letras.4 Y el precedente de que profesores de la talla excepcional de Don Enrique José Varona y Alfonso Bernal del Riesgo, entre otros, desde las aulas de la capitalina Alma Mater llegaran a la Psicología y contribuyeran a su desarrollo como ciencia independiente.

El concepto de educación elaborado por Varela “[…] mostrar alternativas, caminos u opciones diferentes, para que el alumno decida cuáles ha de elegir”;5 la premisa metodológica de que “[…] lo más interesante para el maestro debe ser enseñar al hombre a pensar desde sus primeros años, o mejor dicho, quitarle los obstáculos que le impiden pensar por sí mismo”;6 y los consejos dirigidos a la juventud y al magisterio, y recogidos en sus Cartas a Elpidio,7 son pruebas fehacientes de que Varela es capaz de fundamentar no desde la vertiente teórico-conceptual, pero sí desde la práctica psicológica su fecundo quehacer docente-educativo, y a la vez desbrozar el camino que luego transitarían sus más fieles discípulos; albacea testamentaria del hermoso legado intelectual y espiritual que dejara a la humanidad uno de nuestros más insignes educadores.

Con base en esos presupuestos conceptuales y teórico-metodológicos desde los cuales esbozara la función relevante desempeñada por el esclarecido patriota y santo sacerdote en el contexto de la ciencia psicológica cubana, he llegado a la conclusión de que la disciplina que nos ocupa puso a disposición de Varela un valioso instrumento que le permitió descubrir -entre otras cosas- que la palanca que mueve el mundo es el amor y no el odio; la verdad y no la mentira; la justicia y no la injusticia; la bondad y no la maldad. Y desde esas posiciones, coherentes con su sólida formación cristiana y reveladoras de la verdadera esencia humana, luchó sin tregua ni descanso por la libertad de Cuba y educó en el amor a Dios y a la Patria a generaciones de cubanos de buena sangre y buen corazón.
comprende -con meridiana claridad- dos hechos esenciales: el conocimiento psicológico debía estar en función de la espiritualidad cristiana y de la educación; criterio sintetizado en su antológica frase “[…] el que enseña y el que aprende sólo son compañeros, el verdadero maestro del hombre es la naturaleza divina”.

Por lo tanto, estoy convencido de que la Psicología como ciencia aplicada ayudó a Varela a entender, ennoblecer y cumplir su histórica misión como ser social; y consecuentemente, lo convirtió en un hombre libre, feliz y realizado desde todo punto de vista, con una dosis inagotable de fe y esperanza, cuyas luces jamás apagó, y un gigantesco espíritu de sacrificio, para afrontar toda suerte de incomprensiones, sufrimientos o calamidades, que pudieran apartarlo un ápice del cumplimiento de lo que él interiorizó como sus más sagrados deberes: Dios y la Patria.

Según mi apreciación objetivo-subjetiva, la ciencia psicológica cubana se halla en deuda de gratitud con el padre Félix Varela, quien –como el águila- llegara a la cima de nuestra cultura nacional y de nuestro pensamiento independentista, y cuyo “[…] mayor milagro es la nación cubana, que [hoy] se levanta sana y salva de la agresión y de la pobreza”.8


Martí y la ciencia del espíritu.

La pujante ciencia psicológica caribeña, cultivada en nuestro medio por el padre Félix Varela,9-10 no pasó inadvertida para un pensador de la talla excepcional del Apóstol. No debe olvidarse el hecho de que cuando Martí comienza a incursionar en el campo de la literatura y en el periodismo,11 ya la Psicología había roto su vínculo filial con la Filosofía. En consecuencia, se había convertido -por derecho propio- en la ciencia del espíritu,12 como la denominara el más universal de los cubanos.

Para entender por qué el fundador del periódico Patria identifica a la Psicología con la ciencia del espíritu, habría que definirla como la ciencia que estudia las leyes, categorías y principios sobre los cuales se estructura la vida psíquica y espiritual del hombre,13 mientras que la Espiritualidad no es otra cosa, que el conjunto de acciones que la persona realiza y que le dan sentido a su vida,14 y está directamente relacionada con el mundo de los valores,15 que le son tan necesarios al homo sapiens como la luz a las plantas y el aire a las aves, y que nos hacen encontrarle un sentido a la vida; sentido que nadie nos puede ofrecer, y mucho menos imponer, porque debemos hallarlo nosotros mismos.

Desde la óptica martiana, cultivar la espiritualidad es viajar a nuestro mundo interior en busca de la luz; desarrollar las potencialidades humanas, que son infinitas e ilimitadas; amar intensamente la vida, para no temerle a la muerte, que es luz, no-oscuridad, vía, no-término; sustituir el yo por el nosotros, sin perder nuestra identidad, que es única, especial e irrepetible; alimentar la autoestima, el autoapoyo, el autorreconocimiento y la autorrealización, bases de la salud psíquica y espiritual del hombre;16 percibir a la persona humana como una unidad biopsicosocioespiritual indivisible.17

Con respecto a la unidad cuerpo, mente y espíritu proclamada por Martí, el poeta y ensayista Cintio Vitier advierte, que “[…] en toda… [su] obra [literaria y periodística] hallamos esa continua referencia, explícita o tácita, a un momento superior y sintetizador todavía no alcanzado por la historia humana…, en que las necesidades del cuerpo y las necesidades del alma, los valores de la razón y los valores de la esperanza, se compensen, articulen y equilibren”.18

Admitir sin reservas que la esencia íntima de la persona humana es buena y sana, no obstante todo lo que pueda argumentarse en contra de esa verdad antropológica; recorrer el único camino digno del hombre: el camino de la paz; aceptar el reto de la vida; y estar dispuesto a enriquecerse con la maravilla del amor y el perdón.

La espiritualidad martiana nos convoca a ser nosotros mismos y no otros; a crecer desde todo punto de vista, para apreciar mejor la bondad y la belleza que hay en el planeta donde nos ha tocado vivir, crear y soñar; a entender que lo esencial resulta invisible a los ojos; a levantar puentes, no barreras; a ser plenamente humanos; a ser los “pequeños príncipes” de hoy y de mañana; a interiorizar que el amor elimina el miedo; y a neutralizar el anti-yo y el yo auto destructor,19 que no nos permiten realizarnos como personas humanas.

Lamentablemente, muchas sociedades contemporáneas no desarrollan ningún tipo de espiritualidad, porque en su formación y consolidación consideran que sólo lo material es válido y admisible. Valoran al hombre por lo que tiene, sabe o sirve, y no por lo que es: una persona humana encantadora, que por el solo hecho de serlo, merece amor y respeto.

Por otro lado, olvidan la dimensión espiritual, que es -sin duda alguna- la más importante. Cuando eso sucede (como acontece en las sociedades donde hay injusticia social y abismales desigualdades económicas), el hombre no cultiva la espiritualidad, entendida también como una actitud positiva ante la vida, y en consecuencia, desconoce los valores necesarios para discernir cuáles de aquellas cosas que influyen sobre sus semejantes pueden tener una connotación positiva o negativa, o lo que es lo mismo, es un hombre sin criterio moral, carente de valores éticos y bioéticos, para comportarse en el seno familiar, en la comunidad donde vive, en su entorno natural, y peor aún, es incapaz de percibir la dignidad del otro en todas y cada una de sus dimensiones.20

De acuerdo con esa línea de pensamiento martiano, habría que aceptar el hecho indiscutible de que “[…] si el desarrollo humano se orienta hacia lo físico, instintivo o intelectual, sin desarrollar el corazón, el espíritu y la dignidad, a largo plazo tendremos una catástrofe para las personas, la nación y la raza humana”.21

Por lo tanto, si queremos salvar nuestro hábitat y salvarnos nosotros mismos de la hecatombe ecológica y moral que amenaza la existencia de la humanidad, no nos queda otra alternativa que revitalizar el mundo de los valores,22 pilares fundamentales de la cultura universal y motor impulsor del desarrollo integral de la persona humana.

Una vez esbozada la relación entre Psicología y Espiritualidad, habría que volver a la época en que Martí incursiona en el campo de la ciencia del espíritu: la Psicología, independizada ya de la Filosofía, comienza a edificar un sistema de leyes, categorías y principios sobre los cuales se estructura la vida psíquica y espiritual de la persona humana.

La preclara inteligencia del Maestro no sólo percibe que la elaboración de ese cuerpo teórico y doctrinal se halla en vías de desarrollo, sino que hace relevantes aportes conceptuales y metodológicos a la naciente rama del conocimiento humano; contribuciones que conservan absoluta vigencia, y que fueron estudiadas por el doctor Diego González Serra,23 Profesor Titular de la Universidad Pedagógica “Enrique José Varona”, en su libro Martí y la ciencia del espíritu.

El concepto ético-humanista de hombre, la formación integral que éste debe recibir a través de toda su vida, así como la unidad dialéctica entre lo cognitivo y lo afectivo, constituyen el hermoso legado martiano al desarrollo de la ciencia psicológica cubana.


Don Enrique José Varona: su contribución académico-editorial al desarrollo de la psicología caribeña.

Quince años después de que la psicología se independizara de la filosofía, el eminente filósofo y ensayista camagüeyano envió a la capitalina Academia de Ciencias el texto “La psicología como ciencia experimental”,24 donde el ilustre escritor y periodista reflexiona acerca de los fundamentos teórico-conceptuales y metodológicos en los que se estructura esa disciplina científico-humanista por excelencia.

Conocimientos que Varona ordenó, sistematizó y recogió en dos volúmenes memorables que constituyen los primeros aportes bibliográficos25-26 a la naciente ciencia psicológica cubana, fuente nutricia de ética, humanismo y espiritualidad para quienes ejercemos esa noble profesión en la mayor de las Antillas.

En el año 1900, Varona tomó posesión de la cátedra de Lógica, Psicología, Ética y Sociología en la Universidad de La Habana, donde la ciencia del espíritu se impartía como asignatura en las facultades de Educación, Derecho y Filosofía y Letras, así como en las Escuelas Normales para Maestros y en los institutos de segunda enseñanza del país.27
En la década de los 40 y 50 del pasado siglo, se crearon las escuelas de Psicología28 en las universidades privadas Católica de Villanueva (1946) y Masónica “José Martí” (1956); centros de educación superior que funcionaron en la capital de la ínsula caribeña hasta la promulgación de la Ley de Nacionalización de la Enseñanza, dictada por el Gobierno Revolucionario en 1961.

El legado intelectual y espiritual que Don Enrique José Varona29 dejara a las nuevas y futuras generaciones de psicólogos les enseña:

• Que el hombre es un ser inacabado e inacabable, que integra en una unidad viviente todos y cada uno de sus componentes humanos esenciales: biológicos, psicológicos, sociales, culturales y espirituales.

• Que la ciencia psicológica no sólo ayuda a quien la ejerce con amor y eticidad a crecer desde todo punto de vista, sino también a interiorizar el hecho de que la esencia íntima del homo sapiens es buena y sana…, no obstante todo lo que pueda argumentarse en contra de esa verdad antropológica.

• Que deben ser amantes apasionados de la luz que irradia ese sol del mundo moral que iluminó a Varela, a Martí, así como a tantos otros profesionales de la psicología que enaltecen el camino desbrozado por los padres fundadores de la ciencia del espíritu.

• Y, por último, que deben incorporar a su código ético ese conjunto de valores que la ciencia psicológica les inculca en la mente y en el alma, no sólo para ser mejores profesionales, sino también excelentes personas.

En resumen, Félix Varela utilizó los conocimientos psicológicos en función de la praxis educacional, de la espiritualidad cristiana y del ejercicio periodístico, mientras que José Martí -desde la vertiente teórico-conceptual- hizo importantes colaboraciones a la estructura científico-metodológica sobre la cual se edifica la ciencia del espíritu y Don Enrique José Varona favoreció la divulgación científica de la Psicología, y además, sistematizó su enseñanza como asignatura en los planteles de educación media y superior del país.

¿Existe alguna duda, estimado lector, de que Varela, Martí y Varona son, por derecho propio, los padres fundadores de la ciencia psicológica cubana?

NOTAS

1. Torres Cuevas, Eduardo. “Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana, en: Ramón de Armas, Eduardo Torres Cuevas y Ana Cairo Ballester (Eds.). Historia de la Universidad de La Habana 1728-1919. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, pp. 21-107 (Vol. I)
2. García Galló, Gaspar Jorge. Esbozo histórico de la educación en Cuba. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1986: p. 30.
3. Varela F. Obras (tomo III). La Habana: Editorial Cultura Popular; 1997: pp. 4-212.
4. Torres Cuevas. Ob. Cit.
5. Varela. Ob. Cit.
6. Ídem.
7. Ídem.
8. Leal, E. “La nación cubana, sana y salva”. En: Memorias del Coloquio Internacional “Félix Varela. Ética y Anticipación del Pensamiento de la Emancipación Cubana. La Habana: Editorial Imagen Contemporánea, 1999: pp. 317-32.
9. Dueñas Becerra, Jesús. “Félix Varela, primer psicólogo cubano”. www.radioprogreso.cu (Especiales).
10. Dueñas Becerra, Jesús. “Varela: psicólogo precursor”. Revista Cubana de Psicología. 1998; 15 (3): pp. 86-90.
11. Martí, José. Obras completas. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1975, 28 tomos.
12. González Serra, Diego. Martí y la ciencia del espíritu. La Habana: Editorial Si-Mar, 1999.
13. García, Marciano. Psicología de la experiencia religiosa. Santo Domingo, RP.: Editorial de Espiritualidad del Caribe, 1999.
14. García, Marciano. “Introducción a la espiritualidad cubana”. Vivarium. 1996; XIV: p. 5.
15. González Serra, Diego. “Los valores y su formación”. Revista Cubana de Psicología. 1999; 17 (3): 297-306.
16. Dueñas Becerra, Jesús. “Bases de la salud psíquica y espiritual del hombre”. La Habana: Policlínico Comunitario Docente “Marcio Manduley”, 2000 (tema especial).
17. Dueñas Becerra, Jesús y Noemí Pérez Valdés. “Psicología de la Salud: letra y espíritu”. Rev. Cubana de Psicología. 2003; 20 (1): pp. 67-70.
18. Vitier, Cintio. La espiritualidad de José Martí. La Habana: Ediciones Vivarium, 2001: p. 15.
19. Buscaglia, Leo. Vivir, amar y aprender. México, D.F.: Editorial Diana, 1991.
20. Rodríguez Muñoz, Jesús. “Una espiritualidad como antídoto para nuestros males”. Ethos. 1999; 4 (14) (editorial).
21. “Citas”. Espacio. 2000; 4 (3): p. 5.
22. González Serra. “Los valores y…”. Ob. Cit.
23. González Serra. Martí y la… Ob. Cit.
24. Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1984: pp. 1080-1086.
25. Varona, Enrique José. Conferencias filosóficas. La Habana: Impr. El Retiro, 1888 (Serie: Psicología).
26. Varona, Enrique José. Curso de Psicología. La Habana: Editorial La Moderna Poesía, 1905.
27. Torres Cuevas. Ob. Cit.
28. Dueñas Becerra, Jesús. “Breve reseña histórica de la ciencia psicológica cubana”. Revista Cubana de Psicología. 2005; 22 (1): pp. 56-61.
29. Dueñas Becerra, Jesús. Don Enrique José Varona: su aporte a la ciencia psicológica cubana. Librínsula Digital. 210; 2 de mayo de 2008 (Nombrar las cosas). www.bnjm.cu.

Lunes, 15 de Diciembre de 2008 14:16 cubapsi enlace. Psicología

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gravatar.comAutor: Flor Moncada

me encanta todo lo que este relacionado con cuba, este articulo es muy interesante, me gustaria que me mandaran mmuchas cosas sobre esto, ya que actualmente soy estudiante de psicologia y en vdd uno de mis planes es ir a cuba a estudiar una maestria aaa que emoción, espero que nos sigan enriqueciendo con estos articulos, grax

Fecha: 16/12/2008 16:14.


gravatar.comAutor: Felipe

Hola. Les felicito por el blog, artículos muy interesantes. Me gustaría pedir ayuda con respecto a 3 dudas que tengo en relación a la psicología en Cuba. No soy muy conocedor por lo que de antemano pido disculpas y pregunto algo fuera de lugar, espero alguna respuesta sin importar si es de los administradores de la página o de blogeros. Mi primer pregunta es en la psicología de Cuba ¿cuál es el objeto de estudio?, la segunda pregunta ¿cómo definen un evento psicológico? y por último ¿se identifica un marco teórico-conceptual unitario en su psicología? Muchas gracias y espero no causar muchas molestias. saludos.

Fecha: 05/10/2011 13:44.


Autor: Anónimo

Fantastica publicacion de sus articulos, muy relevantes,a pesar de cuba ser un pequeño pais,destrozado por la guerra de independencia,por otro lado el atraso y la pobreza reinantes, es un orgullo para todos los cubanos que semejantes hijos como los arriba mencionados,se dedicaran a los temas humanisticos mas cruciales de la sociedad en la epoca y que hoy en dia siguen vigentes,gloria a estos grandes hombres,gracias.

Fecha: 14/11/2011 11:37.


gravatar.comAutor: Lilo

Hola, me gustaría contactar con el autor de este artículo. Me interesa saber sobre una de las referencias que cita:

20. Rodríguez Muñoz, Jesús. “Una espiritualidad como antídoto para nuestros males”. Ethos. 1999; 4 (14) (editorial).

Mil gracias.

Fecha: 24/05/2012 17:21.


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